07-Noviembre-2009 | Karisa Cruz Rosado
En un supermercado de una ciudad con Mercedes Benz y letreros en inglés, un joven, de esos sabios que marcan la calle con sus marcas, dijo, como si necesitara escupir: “El País está malo”.
Por la naturaleza de mi trabajo, el que todos los días me obliga a teclear “la realidad”, o los males que en ella se suscitan, la idea de este chico, con pantallas en la ceja y cerquillo, me pareció redundante. Casi para decir “chitón”. Quería que abundara más, que me explicara por qué él creía que “el País está malo”, cosa que es hasta ridículo preguntar, pero en un afán de proseguir la plática, le inquirí.
“Es que arrestaron a Ángelo Millones”, contestó con “flow caquiao”. Ya comenzaba a concretar su aseveración. Ya me daba detalles.
Ya, por alguna razón, logramos un nivel de empatía, que me espantó.
“Cuando uno viene de un sitio que hay todo, todo es nada. Cuando uno viene de un sitio que no hay nada, nada es todo”.
Tuve que pensar y repensar.
Mientras hablaba, miraba su diente partido. (Había peleado por una “jevita” hacía dos días).
Entonces, la imagen de la familia desgarrada por el asesinato de un futuro deportista, de un futuro no sé qué, frente al portón de su escuela , por un “lío de faldas”, me hizo decir: cuidate.
Este chamaco sólo conoce del mundo del narcotráfico y las drogas porque convive ahí. No es un “tecato”.
Él retrata un sector que la politiquería (embustera) pretende invisibilizar. Por el que “trabajan” para abonar votos, sin más.
Llega el punto en que hablar de realidades violentas es afirmar que todo el sistema está colapsado. Que los despidos e incertidumbre, sumado al arresto de este bichote, han calentado las horas.
Así que no esperemos que Fortuño exponga verdades turbulentas. Nos limitaríamos a escuchar que la prensa la tiene tomada contra él. Lo cual con una hojeada fugaz a los titulares, sabemos que es otra mentira.
n La autora es periodista y bloguera.