Hay paL de actividades que son muy mortíferas. Que matan en masa. Debemos protegernos. Usemos condón. Obligao. El SIDA, sí da.
Mostrando entradas con la etiqueta Intermitencias de la Muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Intermitencias de la Muerte. Mostrar todas las entradas
lunes, 14 de septiembre de 2009
Sí da
Hay paL de actividades que son muy mortíferas. Que matan en masa. Debemos protegernos. Usemos condón. Obligao. El SIDA, sí da.
lunes, 6 de julio de 2009
Isis Obed Murillo
Y ahora es Isis Obed Murillo al que le tocó. Asesinaron los militares a un civil, a un jovencito de 19 años que participaba de la manifestación de ayer frente al Aeropuerto Internacional de Toncotín en Tegucigalpa. Esta muerte fue reportada por los medios noticiosos que captaron las imágenes de como a los partidarios de Manuel Zelaya los reprendían las balas mortíferas (valga la redundancia) de los golpistas. Y que quede clara la aclaración de que este suceso fue reportado. Según otras fuentes todos los días mueren civiles pero son ocultadas estas informaciones por los líderes de facto en Honduras para evitar, entre otras cosas, continuar socavando la imagen de este gobierno impuesto a la fuerza.
Isis en Honduras, como Neda en Irán, como David Sanes en Vieques, como Antonia Martínez en Río Piedras pasan a ser esos símbolos de los golpes, de las pelas y de los asesinatos a causa del abuso de poder. Son los inocentes que dejan este mundo de pie. Quienes los mantan viven de rodillas. Que los entierren paraos.
Pobre y capturada Honduras. Se vive el terror.
Los invito a que lean una crónica sobre este incidente publicada en el periódico El País
Labels:
antonia martinez,
david sanes,
golpistas,
honduras,
Intermitencias de la Muerte,
isis obed murillo,
manuel zelaya,
militares,
neda,
roberto micheletti
sábado, 16 de mayo de 2009
Sin título
Al día siguiente, no murió nadie. El mundo se convirtió en un asilo de ancianos ansiosos y protestones, con un chorro de achaques y manías.
Rápido, olió a viejo. El agua maravilla comenzó a repugnarle al ala más joven de la población.
De golpe, la tarjeta de salud cerró operaciones sin aviso de retorno. Las medias de diabético de MEDENVÍOS se agotaron. Los chamacos, hartos de cuentos de abuelos refunfuñones y aburridos, buscaron la forma de cómo liquidar al vejestorio. Mas, por más que le escondieron las pastillas de la presión, por más que los empujaron por las escaleras con la silla de ruedas eléctrica y por más que nunca los volvieron a visitar a la égida, los matusalenes no fallecían. Ni la depresión, ni el desprecio, ni la arruga canosa lograron el descenso.
Las funerarias se declararon en quiebra. Y las farmacéuticas se hicieron aún más ricas.
Los desesperados incautaron libros de un tal dictador alemán para hallar referencias sobre exterminios masivos. Llamaron a George Bush para que asesorara sobre cómo devastar los pueblos. Procuraron al presidente de Guatemala y a su señora esposa, pero nada. Ni ellos que eran duchos con el tema del asesinato pudieron presentar alternativas viables.
Esta humanidad, viva y tal vez anacrónica, se burló de la muerte. Le tendió una jugarreta al destino. Ni el cielo acumularía ángeles, ni el infierno demonios.
Al tiempo, el calor, el hambre, el desorden, la lujuria, la pobreza, la escasez, el egoísmo, la mafia, el narcotráfico, el SIDA, en fin, la hacinada sobrepoblación vívida hizo que estallara la Tierra. Como si el propio universo de ensañara contra Sodoma y Gomorra.
Mick Jagger movió por última vez sus caderas. A Bigger Bang explosionó para culminar la existencia. Por fin, no hubo otro día siguiente. Dios y su antítesis sonrieron.
Inspirado en la novela de José Saramago, Intermitencias de la Muerte
Rápido, olió a viejo. El agua maravilla comenzó a repugnarle al ala más joven de la población.
De golpe, la tarjeta de salud cerró operaciones sin aviso de retorno. Las medias de diabético de MEDENVÍOS se agotaron. Los chamacos, hartos de cuentos de abuelos refunfuñones y aburridos, buscaron la forma de cómo liquidar al vejestorio. Mas, por más que le escondieron las pastillas de la presión, por más que los empujaron por las escaleras con la silla de ruedas eléctrica y por más que nunca los volvieron a visitar a la égida, los matusalenes no fallecían. Ni la depresión, ni el desprecio, ni la arruga canosa lograron el descenso.
Las funerarias se declararon en quiebra. Y las farmacéuticas se hicieron aún más ricas.
Los desesperados incautaron libros de un tal dictador alemán para hallar referencias sobre exterminios masivos. Llamaron a George Bush para que asesorara sobre cómo devastar los pueblos. Procuraron al presidente de Guatemala y a su señora esposa, pero nada. Ni ellos que eran duchos con el tema del asesinato pudieron presentar alternativas viables.
Esta humanidad, viva y tal vez anacrónica, se burló de la muerte. Le tendió una jugarreta al destino. Ni el cielo acumularía ángeles, ni el infierno demonios.
Al tiempo, el calor, el hambre, el desorden, la lujuria, la pobreza, la escasez, el egoísmo, la mafia, el narcotráfico, el SIDA, en fin, la hacinada sobrepoblación vívida hizo que estallara la Tierra. Como si el propio universo de ensañara contra Sodoma y Gomorra.
Mick Jagger movió por última vez sus caderas. A Bigger Bang explosionó para culminar la existencia. Por fin, no hubo otro día siguiente. Dios y su antítesis sonrieron.
Inspirado en la novela de José Saramago, Intermitencias de la Muerte
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
