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sábado, 19 de septiembre de 2009

Cuestionar

Karisa Cruz Rosado
19-Septiembre-2009 | Karisa Cruz Rosado


Los medios de comunicación tenemos la culpa. Porque la agradamos y la agrandamos. La hacemos acaparar portadas. Ganar titulares con su pie de plomo, con su ser persona. La senadora pelipintada y ojoenlentada es una pobre infeliz más.

Ella guía con su rapidez, con su fábula “flashgordonesca ”, pero los teclados fallan en “sobrecubrirla”. En ampliarle las bembas carmesí. En donarle espacio a las causas que enajenan y nos separan de lo que tenemos que estar pendientes.

No es que no se destaque, es cómo.

Me levantaba, televisor que prendía, periódico que miraba, cafetería que visitaba, bochinche de “beauty parlor” que escuchaba, columna que escribo, todo por algún lado está matizado con la prisa de una mujer parece que utilizada para distraer la opinión pública.

Los pueblos hablan de lo que la prensa habla. Y se le indica mal a la masa, se le dice que estar tras los problemas de esta señora apretada debe ser la preocupación del día. Cuando el País nos lo arrebatan.

La prensa no puede claudicar a su rol de presentar los asuntos que importan. Ya otorgarle más de media página a este incidente es absurdo. Radica en la espectacularización de la noticia. Evelyn Vázquez se ha convertido en ese “sex symbol” politicofarandulero.

Esta semana, comprendí lo descomprometidos que están algunos medios de comunicación con la información que informa y no embrutece. Tiene que haber un ejercicio de autoexamen. No se puede desviar el norte. El País está en crisis. Se avecinan tiempos tumultuosos, de desestabilización, abuso y huelgas. Las hipotecas y el carro ya no se pueden pagar, mientras algunos se engordan sus salarios descaradamente. Siguen con sus asesorías derrochadoras. Nos cambian el idioma de las señales de tránsito, nos confunden y criminalizan macana en mano.

Verdaderamente, estas cuestiones son los que hay que retratar con sagacidad. La prensa tiene la responsabilidad de cubrir el ángulo que la gente tiene que cuestionar.

Publicado en el Buscapié de El Nuevo Día

sábado, 4 de julio de 2009

El día de hoy: 4 de julio

La Estatua de la Libertad en el usual despliegue de fuegos artificiales durante la celebración del 4 de julio

Pretendía comenzar esta columna con detalles sobre el Stamp Act (1765) y el Boston Tea Party (1773), el típico recuento de 4 de julio. Decidí que para eso es mejor que accedan a Wikipedia o a algún libro viejo de historia de Estados Unidos.

Quiero hablar del día de hoy, del día en que las masas colonizadas celebran la independencia de una nación ajena. No más hay que mirar el arroz con pollo que le gustaría ser “hot dog” y que se cocina en el Hiram Bithorn. El “sobaquín” azul que habla poco inglés, pero que contesta el teléfono con un “hello”. Esa gente que iza con orgullo la poliestrellada, son los que piden ser uno más en la fila, en la unión.

Mientras releía (en Wikipedia y en un libro viejo), repensé la envergadura de la guerra de emancipación de las trece colonias. Fueron filosofías de liberación, del agotamiento de políticas injustas en las tarifas arancelarias, de la representación ciudadana, entre otros atropellos, los que, alimentado con el “iluminismo” de la burguesía gringa, declararon un día como hoy en 1776 la independencia del yugo inglés.

Los asimilistas del patio jamás entenderán la significación de sucesos trascendentales de la Historia. Seguirán pensando que Laguerre es un actor y no el gran escritor que fue. Me atrevo a declarar que nunca comprenderán nada, pues si lo hicieran no repetirían los males del pasado. Del pasado que hoy celebran. De ese Caño Martín Peña que se dragará para los grandes edificios, de esas vistas congresionales que sólo ejemplifican la imposibilidad de ponernos de acuerdo. De la indiferencia de la metrópolis.

Igualdad y democracia son palabras mayores para los que todos los días le faltan el respeto al pueblo, el que le dio esa capacidad para ser incapaces.

Observemos a Evelyn Vázquez y su oportuna iniciativa sobre unas Olimpiadas del Bonsái.

Nota: Dejen a Michael Jackson descansar -con todas sus cirugías y, lo que debe ser más importante, con todo su talento-, en paz.

Me lo publicaron en la sección Buscapié de El Nuevo Día (merece la pena leer los comentarios sobre este texto)