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sábado, 15 de mayo de 2010

Intransigencia

Este es un "muerto" sentado con su sombrero.

En el conflicto huelgario que aqueja, por quejas, a la Universidad de Puerto Rico, la Administración de esta institución ha dado una cátedra magistral: Intransigencia 3001.

En este curso se discuten temas como: “No al diálogo”; “La palabra negociación es un mito”; “Cómo publicar anuncios en periódicos con medias verdades, es decir, mentiras”; “El arte de llamar a la Fuerza de Choque a través del iPhone”; “El uso adecuado del pepper spray”; “Por dónde se agarra la copa de vino”; “Favorecer a los grandes intereses va por encima de todo, a fin de cuentas son ellos lo que gobiernan”; “La educación pública es una patraña”, entre otros.

La matrícula para esta clase es limitada. No hay cupo para muchos. Y, es importante señalar, que hay unos prerrequisitos.

Si usted fue un servidor público de alto rango, o juez, mediocre; si tiene un nombre que no se puede despegar de su apellido para hacerlo alguien; si nunca ha pasado más de cuatro horas corridas sin comer; si conoce el concepto fascismo y lo ha aplicado; si el término “iupi” le provoca retortijones, entonces, luego de una rigurosa evaluación, puede tomar asiento en el salón. Cabe destacar que esta sala está cuidadosamente diseñada y acondicionada para que ninguno de los alumnos sude.

Una vez cumplido con las asignaciones de la materia, se ofrecerán unos talleres especiales en el recién denominado Centro de Convenciones Pedro Rosselló González. Se invitará como orador de la actividad a José Figueroa Sancha para que comente sobre cómo hablar bajo los efectos de bebidas alcohólicas, sin que nadie se dé cuenta.

Como parte del currículo de educación continua, Marcos Rodríguez Ema dictará una clase (obligatoria) para aquellos que les interesa proseguir labores en el Capitolio: “Gobernar en la sombra”.

Nota: 52 millones no es nada, si pensamos en lo que verdaderamente se pierde, que es el derecho de todos a poder acceder a la educación, la que es pública.

sábado, 1 de mayo de 2010

Portones


Foto por Ricardo Alcaraz, de Diálogo

Los portones son estructuras de cierre. Sirven como aislante. Alejan. Distancian. Separan. Delimitan los lindes del espacio, lo que es de uno y no del otro. En algunas ocasiones, estas barreras aportan cierta (o relativa, o falsa) seguridad.

También están las rejas, un sinónimo para portón, que coartan las libertades, la física y la mental.

Por estos días, han sido muchos los portones que se han tomado y clausurado. Que han sido adobados por una pimienta que no es en polvo. Tras esos portones, picantes, hay voces que resisten la fuerza de un poder que se ha tornado agresivo.

Los medios de comunicación bien, y muchas veces mal, han difundido porciones de realidades que se han suscitado en los emblemáticos portones de la UPR. Del primer centro docente de un país que, más que necesitar, le urge educación de calidad. Para pensar en un mejor amanecer, menos amargo, más comprometido.

No se puede entender la grandeza del conocimiento cuando no ostenta una posición privilegiada dentro de los portones del poder. Tal vez por eso podemos comprender el “modus operandi” de la administración de turno. Que pondera el capital sobre el saber. Que concluye que la educación pública es un privilegio y no un derecho. Que reduce como minúsculo a los cientos de manifestantes que se han dado a la tarea de pelear por lo de todos.

Frente a esos portones, frente a esa Torre que permanece serena mientras Roma arde, hay vidas que encierran el malestar de un pueblo. De un país ocupado por la insolidaridad de quienes condenan tras las rejas de la ignorancia al pensamiento, al que es libre.

Extiendo mi llamado a la paz y la no confrontación. Al respeto de esa política que, por alguna razón está escrita.

Porque a diferencia de los robots que están apostados delante, tras de esos portones está el patrimonio de una nación, que es la educación pública.

Publicado en El Nuevo Día, sábado 1 de mayo de 2010.

martes, 29 de septiembre de 2009

GraSias


Foto por Ricardo Alcaraz de Diálogo

Ahora huele a pintura fresca. Fue un GraSias, a su forma, una ironía que se une a un día de huevazos y golpes en la calle Fortaleza.

Estas letras frente al edificio de Recursos Naturales en Río Piedras fueron borradas a poco tiempo de que sus autores terminaran su grito de hambre. Por suerte la cámara del compañero fotógrafo Ricardo Alcaraz pudo inmortalizar el malestar. Debo descatar que hoy en esta misma dependencia gubernamental hubo una llamada de bomba que provocó el desalojo de la instalación.

Ante este panorama, ¿podrá entonces Fortuño agarrar el sueño? ¿Morfeo logrará capturar a este hombre, mientras el País que administra se hunde en el abismo de los paros, los avisos de bombas, el llanto,
las huelgas, la violencia y la pelambrera?






jueves, 11 de junio de 2009

Hoy

Hoy, me sigo dando cuenta que el mundo es un asco. Sí, una mierda. No me importa escupir. No me importa que este blog lo estén viendo mis jefes. (Si esto es una bitácora donde pongo lo que me pasa).
Hoy, vuelvo a darme cuenta. Salgo de la pendeja burbuja de que las cosas pueden cambiar. La vida es una asco. Un invento, una oportunidad para unos y un descojón para un cojón. Tal vez cambie, no creo. Siempre ha sido igual, desde Matusalén hasta Bill Gates.

Este video motivó:



Me prenden los ineptos guardia palo de la UPR. Pero mayor calentura me da que el Centro de Convenciones de Puerto Rico se vaya a llamar Dr. Pedro Rosselló González, lo que está próximo a pasar tras la aprobación de ayer en el Senado. En la Cámara de Representantes lo podrían colgar, evento imposible si J-Go no quiere problemas con su homólogo hitleriano en la Cámara Alta. Fortuño bien que lo vetaría, de eso estoy casi segura. Sin embargo, Rivera Schatz-un ser despreciable, bruto, bestia, alza cola-lo amenazó diciendo que aún quedan muchos nombramientos judiciales y de jefes de agencias, por ejemplo Salud, sin confirmar.

Por qué no le dan el nombre del Mesías a una escuela pública, iría a tono con la firma de Víctor Fajardo en los diplomas de cuarto año de mucha gente en el País.

Todo es un embuste. ¡Qué hipocresía!