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miércoles, 24 de junio de 2009
No es el fin del mundo
El que dijo que el fin del mundo está cerca-tal vez- miente. Digo, eso creo. Aunque, al menos el mundo se debe acabar para el Padre Alberto Cutié. Este tipo tiene que reencarnar en otra especie. Bastante mal que le ha ido en el mundo de los humanos por estos días. Que si lo mangaron con las manos dentro del culo de la mujer con quien se acaba de casar. El escándalo que lo obligó a decir que "no pedirá perdón por amar". Luego renunció a su sotana de sacerdote católico para revestirse de episcopalidad. Por su parte, con quien reciente el religioso contrajo matrimonio, es la misma que- al parecer- es una vividora, que le gusta que le paguen casas y cosas caras mientras pega cuernos en el cuarto de confesión. Por si fuera poco, un productor- que citó un versículo de San Juan luego de tirarlo al medio - sostuvo que Cutié es gay. Y Osvaldo Ríos es el portavoz de todo el rocheo
Este bochinche de Miami no es sólo un reflejo de la hipocrecía y el anacronismo religioso, sino además del mundo real. El tipo-como la mayoría del mundo- es un bellaquín que lo mismo raspa que pinta. ¿Cuál es el problema? No es el fin del mundo.
Posdata: que Osvaldo Ríos sea el speaker, está al garete. Este es un fact un poco desquiciado, pero bueno, al menos "le dio una pela a Carmen Dominichi" y acaba de hacer de Diego de la Vega en la novela El Zorro, debe saber lidiar con la presión de los medios de comunicación.
viernes, 17 de abril de 2009
A siete días
texto que me publicaron en El Nuevo Día
M e senté en el banco de atrás. Una señora con aparente cariño dijo, “Dios te bendiga”. Le escupí el consecutivo “Amén”.
Contaron la historia con el crucifijo en la mano y la Biblia bajo el brazo. Predicaron y vociferaron que alguien murió en una cruz por la humanidad.
Luego de tres días, se levantó de entre los muertos. ¡Milagro! Ese ex mortal con barbas largas y ojos claros; con nariz perfilada y olor a azucena se trasladó a Dios sabe dónde. La Magdalena lloró.
Nos han hecho pensar que ese señor ostenta binoculares y látigo. Que castiga al pecador y premia a sus fieles.
¿Todo esto para salvarnos? Mas se preguntan “los salvos” por el salvavidas. No llega. El mundo se ahoga.
Quedan los retazos de un tiempo preñado de programas con la Virgen María como sex symbol. Las panderetas suenan con menos efervescencia. El pellejo over cooked va cayendo poco a poco. Las marcas de traje de baño se asoman sin disimulo. Como si emularan las huellas del correazo divino.
Unos fueron reprendidos por la tajante luz ultravioleta, mientras otros eran flagelados con el recuento de una morbosa muerte. Lo bonito de la historia es que hubo resurrección. La gente, entonces, celebra con la herida abierta y la corona de espinas.
Pero son remembranzas efímeras, circunstanciales (para usar la palabra que la Fiscalía federal puso de moda). Pareciera que la impronta del sol penetra mucho más que el cumplimiento de la orden divina.
Quienes hicieron la fila para tomar el cáliz de su sangre volvieron a la banca sedientos. La bebelata playera aglutinó con menos hipocresía.
A siete días, los vestigios de un masificado y atractivo color moreno ejemplifican cómo la iglesia es otra institución desacreditada. El mundo sigue siendo la misma porquería que antes, durante y después del descenso de aquel.
Circularon un aviso de retorno. ¡Que se dé prisa! La humanidad continúa clavando cuerpos. No hemos aprendido nada.
M e senté en el banco de atrás. Una señora con aparente cariño dijo, “Dios te bendiga”. Le escupí el consecutivo “Amén”.
Contaron la historia con el crucifijo en la mano y la Biblia bajo el brazo. Predicaron y vociferaron que alguien murió en una cruz por la humanidad.
Luego de tres días, se levantó de entre los muertos. ¡Milagro! Ese ex mortal con barbas largas y ojos claros; con nariz perfilada y olor a azucena se trasladó a Dios sabe dónde. La Magdalena lloró.
Nos han hecho pensar que ese señor ostenta binoculares y látigo. Que castiga al pecador y premia a sus fieles.
¿Todo esto para salvarnos? Mas se preguntan “los salvos” por el salvavidas. No llega. El mundo se ahoga.
Quedan los retazos de un tiempo preñado de programas con la Virgen María como sex symbol. Las panderetas suenan con menos efervescencia. El pellejo over cooked va cayendo poco a poco. Las marcas de traje de baño se asoman sin disimulo. Como si emularan las huellas del correazo divino.
Unos fueron reprendidos por la tajante luz ultravioleta, mientras otros eran flagelados con el recuento de una morbosa muerte. Lo bonito de la historia es que hubo resurrección. La gente, entonces, celebra con la herida abierta y la corona de espinas.
Pero son remembranzas efímeras, circunstanciales (para usar la palabra que la Fiscalía federal puso de moda). Pareciera que la impronta del sol penetra mucho más que el cumplimiento de la orden divina.
Quienes hicieron la fila para tomar el cáliz de su sangre volvieron a la banca sedientos. La bebelata playera aglutinó con menos hipocresía.
A siete días, los vestigios de un masificado y atractivo color moreno ejemplifican cómo la iglesia es otra institución desacreditada. El mundo sigue siendo la misma porquería que antes, durante y después del descenso de aquel.
Circularon un aviso de retorno. ¡Que se dé prisa! La humanidad continúa clavando cuerpos. No hemos aprendido nada.
viernes, 10 de abril de 2009
Viernes Santo
Porque alguien murió hoy en una cruz, clavado. Aún no se sabe para salvar de qué a quién.
...Ahí va George Carlin...
...Ahí va George Carlin...
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